LA CREATIVIDAD: LA CAPACIDAD DE ENFRENTARSE A LO DESCONOCIDO



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La creatividad te hace valiente

La Actitud Creadora

La vida se desarrolla a través de un proceso de transformación permanente. La energía se transforma, se transfiere, se transmuta, se recicla, pero nunca permanece igual. La idea de igual es sólo una creación mental que permite dar cierta estabilidad de tiempo y espacio a las cosas. Una cosa no puede ser igual a otra. Aunque sean copias perfectas, salidas de una máquina, una tendrá un tiempo o lugar de concepción diferente o estará sometida a otras variables.

La actividad creadora es la que determina el grado y posibilidad de transformación de un ser humano. Determina la capacidad de manejar y utilizar, en beneficio propio y de los demás, las transformaciones o cambios inevitables de la vida.

Los cambios constituyen el tránsito de un estado a otro. Desde esta perspectiva, la creatividad es la capacidad de transitar libremente dentro de una amplia gama de estados, sean éstos emocionales, psíquicos, intelectuales, fisiológicos, espirituales...

La creatividad es una actitud interior disponible a vivenciar las transformaciones. No significa solamente hacer obras de arte o escribir libros. Estar "disponible” significa estar vivo y en proceso de desenvolvimiento permanente. Significa aceptar que nada permanece para siempre.

Del desarrollo de la capacidad creativa va a depender la supervivencia del individuo, obtener sus alimentos, encontrar su pareja, crear sus herramientas, imaginar su futuro, etc. El grado de satisfacción y desarrollo de este potencial es una nueva medida de las actividades básicas de un individuo. Desde esta perspectiva, cambia radicalmente el concepto de "creador”. Los ejemplos clichés de pintores o escritores de vidas atormentadas y fragmentadas, no necesariamente serán, entonces, ejemplos de una vida creativa. Por el contrario, un ser común y corriente, sin notoriedad ni grandes "obras” a su haber, pero satisfecho y pleno en su vida cotidiana, tendrá una vida ampliamente creadora al haber encontrado los medios para resolver sus necesidades, expandir sus posibilidades y vivir feliz.

Esta visión modifica el concepto del ser creativo al dejar de identificarlo con un ser explosivo, obsesivo, dividido, porque esta visión incluye un campo de acción que va más allá de una obra artística, convirtiendo la creatividad en una forma de vida.
Creador es, entonces, aquel que maneja las transformaciones, aquel que vive los cambios, que es capaz de producir transformaciones, que puede ser transformado por los cambios y que, cuando sea necesario, deja fluir sin interferencia los que ocurre dentro y fuera de su campo de acción.

Del desarrollo de la actividad creativa depende el futuro del ser humano. Cada uno de nosotros depende, a diario, de la expresión concreta de esta capacidad para relacionarse con el mundo. Pero esta capacidad no puede ser impuesta por decreto sino solo facilitada y estimulada. El ser humano requiere con urgencia "poner en marcha”, actualizar su capacidad creadora si quiere sobrevivir a sus circunstancias, si quiere vivir con dignidad y plenitud.

Una pista: reconocer lo genuinamente propio

Actualizar, aceptando que todo ser humano sano es naturalmente creativo, y habilitar esta capacidad significa recuperar el contacto consigo mismo y con el ambiente. El individuo necesita re-encarnarse en si mismo para comenzar a descubrir sus genuinas necesidades y obtener los recursos para satisfacerlas.

Tomar contacto consigo mismo no es más que volver a vivir en el cuerpo, vivir desde el cuerpo, como una unidad completa. Significa descubrir el gran espacio interior de las emociones, las ideas, los sueños, los instintos... De esta manera, el desarrollo de la creatividad pasa por esta vuelta al reconocimiento de la propia individualidad y el grado de "genialidad” creativa estará determinado por el conocimiento y manejo del propio mundo interno.

Al atender a su mundo interior, el ser humano deja de depender de la valoración o sometimiento social que le indica que necesidades atender, en que orden, que es lo importante, etc. y comienza a encontrar, en este mismo proceso, las formas de satisfacción para su original y única vida.

La creatividad, entonces, se transforma en una actividad de vida permanente, saliendo de los museos y galerías de arte: el ser humano obtiene así la vida completa para ejercer su capacidad de transformación, su verdadera creatividad.

Algunas trabas al desarrollo creativo

Todo ser humano sano nace con una capacidad creadora. Se requiere solamente las condiciones adecuadas para dejar expresarse y  fluir estas habilidades, sosteniéndolas como una actitud de vida en el tiempo.

Nuestra cultura hace exactamente lo contrario. Los niños poseen, por ejemplo, una inclinación natural y espontánea hacia la exploración y el desarrollo de su potencial, pero el medio (familia, escuela, sociedad) va moldeando la orientación original, espontánea, a veces caótica de esa motivación, dirigiéndola hacia la satisfacción de las necesidades que esa cultura considera como prioritarias para esos niños. De esta manera, esa capacidad de exploración de los niños es coartada, reprimida y dirigida de acuerdo a los cánones educativos en boga. Así también, se atiende solamente una parte del potencial de desarrollo vital: se incentiva los aspectos físicos y cognitivos, dejando de lado o para "actividades extra-programáticas” los emocionales y espirituales.

La inclinación natural hacia la exploración es una de las características del ser creativo. El creador busca incesantemente indagar en nuevas posibilidades, asomándose siempre más allá de lo aceptado socialmente. Sin embargo, este paradigma educativo predominante enfatiza la sujeción a conceptos pre-elaborados, más que el fomento de la capacidad de enfrentarse a lo desconocido. Esta motivación ancestral del ser humano no necesita ser enseñada porque forma parte del código genético, como expresión de la necesidad más básica: la necesidad de supervivencia. Es urgente, por tanto, destrabar las limitaciones impuestas al normal desenvolvimiento –especialmente- de los niños, dejándolos más libres, dejándolos explorar, investigar por sí solos, dejando que fluya la vida que traen implícita en su propia naturaleza.

Otra de las muchas limitantes que existen es la sobreprotección para los niños. El creador posee una alta tolerancia al riesgo, a la incertidumbre, a la inestabilidad, porque la exploración requiere de asumir la realidad como algo desconocido, llena de sorpresas, peligros y posibilidades. La incertidumbre y el riesgo implican desplegar, mantener actualizados todos los recursos personales disponibles para seguir viviendo. Un paso importante es esto es dejar de sobreproteger a nuestros niños.  Hacer esto implica dejar de proyectar los propios miedos sobre los chicos. Implica también –para los padres y profesores- dejar de ver el mundo como algo hostil que debe ser dominado, sometido y controlado a toda costa,  para pretender aplacar esos miedos.

El mundo es un extenso y hermoso campo de exploración, prueba, desafío. Riesgoso y peligroso, por cierto. Pero, la vida completa es un riesgo, nos guste o no, porque no se puede predecir totalmente lo que ocurrirá.

La actividad creadora se nutre de lo impredecible de la vida. Esto me permite afirmar que a mayor predicción y mayor seguridad, hay menor actividad creadora.



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